Evangelización

El momento trascendental de la vida de Francisco Palau, fue el encuentro con su Amada, la Iglesia; experimentó que el el Señor lo nombró padre de la misma y así quedó convencido de su paternidad y cuidado. De la misma manera, él quiso infundir en sus hijas este legado, y así lo expresó en una de sus cartas:

Amarás a Dios, amarás a los prójimos. Veis ahí la ley de gracia recopilada en dos líneas. El amor de Dios trae al alma al desierto, a la soledad, a la celda, al claustro, al silencio, a la oración continua y presencia de Dios, a la abstracción del mundo y sus tratos, a la guerra contra nosotras mismas, a la pobreza interior y exterior, a la unión con Dios, a todas las demás virtudes de una vida retirada y puramente solitaria y contemplativa. El amor a los prójimos parece se opone en sus ejercicios al amor de Dios, pues trae el alma de la soledad y la vuelve al mundo, para salvar al mundo. Enseñar al que no sabe, visitar los enfermos, socorrer a los pobres, vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, etc. Estas son las obras del amor de la caridad de los prójimos. 4. Para marchar en cuerpo y sociedad, habéis de hacer una cosa y otra.